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¿Es el Derecho una Ciencia?

El debate sobre la cientificidad del Derecho continúa vigente en los círculos académicos, el cual es  uno de los cuestionamientos epistemológicos más fascinantes.

La complejidad comienza con la propia definición del objeto de estudio. ¿Qué estudiamos realmente cuando hablamos de “Derecho”? Como señala Silvana García en su  tesis doctoral, el término presenta una ambigüedad inherente: puede referirse tanto al conjunto normativo, a las facultades subjetivas o al estudio mismo de este fenómeno.

Las corrientes filosófico-jurídicas tradicionales (iusnaturalismo, positivismo y realismo) han intentado responder estos cuestionamientos, desde perspectivas diferentes. En el caso del iusnaturalismo identifica el Derecho con valores justos o naturales del ser humano,  el positivismo lo reduce a normas jurídicas formalmente válidas, y el realismo lo concibe como hechos sociales eficaces.

Friedrich von Savigny, uno de los juristas más influyentes del siglo XIX, postulo que: el Derecho no es solamente un conjunto de normas aisladas, sino que se organiza alrededor de “institutos jurídicos” como el matrimonio o los contratos, que están arraigados en la conciencia social antes incluso de ser legislados. Por otro lado, Hans Kelsen defendió que para estudiar el Derecho científicamente debemos analizarlo como un sistema de normas “puro”, sin mezclarlo con consideraciones políticas o morales. En tiempos más recientes, Norberto Bobbio planteó una visión más integradora al sugerir que existen dos formas de conocimiento jurídico: uno teórico y sistemático (la ciencia), y otro práctico (el saber cotidiano de los abogados en su ejercicio profesional).

A mi juicio, el Derecho posee características científicas innegables: cuenta con método propio, lenguaje especializado y capacidad para construir sistemas conceptuales coherentes. Pero también incorpora elementos técnicos (en la legislación y la judicatura) y artísticos (en la argumentación forense).

La Ciencia del Derecho no debe buscar a la exactitud de las ciencias naturales, sino reconocer que su valor radica precisamente en su capacidad para adaptarse a realidades sociales cambiantes sin perder coherencia. Como señaló Radbruch, el Derecho es aquel fenómeno cultural orientado a realizar la justicia, lo que implica una permanente tensión entre seguridad, adecuación a fines y justicia.

Quizás lo más valioso del debate no sea alcanzar una respuesta definitiva, sino reconocer que esta reflexión epistemológica nos permite mejorar nuestra comprensión del fenómeno jurídico y perfeccionar nuestros métodos. Como profesionales del Derecho, debemos mantener vivo este cuestionamiento para evitar caer en dogmatismos sin resultados  y recordar que, sea ciencia, técnica o arte, el Derecho continúa siendo uno de los pilares fundamentales de la convivencia humana civilizada.

Oscar Jose Sanchez Tello

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